La situación se repite todos los meses, generalmente durante los primeros diez días del mes. Cientos de miles de inquilinos se presentan en la inmobiliaria con un fajo de billetes para pagar el alquiler. El empleado cuenta el dinero, revisa el pago de los servicios y firma un recibo de librería. La situación no es distinta cuando se alquila por dueño directo.

Los inquilinos podemos ir a un almacén y pagar con tarjeta de débito, podemos pagar la luz y el gas por homebanking o recargar la SUBE a través de una página web. Pero nuestro principal gasto, que representa la mitad de nuestros ingresos, lo tenemos que hacer en efectivo. Y encima, conformarnos con un recibo de librería.

Llevar el dinero en efectivo nos hace perder tiempo, no solo movilizándonos a la inmobiliaria, sino yendo varias veces al cajero en los días anteriores. Desplazarnos con tanto dinero en efectivos nos genera un estrés adicional: durante el viaje a la inmobiliaria lo único que estamos pensando es en no sufrir un hecho de inseguridad.

Las tasas de informalidad del mercado inmobiliario son altísimas. Encontrar a un inquilino que pague el alquiler a través de medios electrónicos y que a cambio reciba una factura es prácticamente una rareza. Y es más raro aún encontrar a un inquilino que deduzca el alquiler del Impuesto a las Ganancias.

A pesar del perjuicio que esta situación nos causa, los inquilinos generalmente no reclamamos el blanqueo de nuestro alquiler. Los contratos son muy cortos y siempre falta poco para hablar con la inmobiliaria o el propietario sobre la renovación. Por eso, muchas veces preferimos mantener una relación cordial para no perjudicar nuestra permanencia en el departamento.   

Es una posición completamente comprensible, no son los inquilinos quienes deben resolver la informalidad del mercado inmobiliario a través de reclamos individuales. La única manera de lograr un blanqueo generalizado es a través de políticas de control, que garanticen el cumplimiento de la ley.

De todas formas, hay un sector de los inquilinos que prefieren reclaman, principalmente aquellos que no tienen intenciones de renovar o aquellos que la deducción de Ganancias le resulta significativa.

Para iniciar un reclamo, los inquilinos deben saber que es ilegal que inmobiliarias cobren el alquiler en efectivo y a cambio nos entreguen un comprobante no válido como factura. La Disposición 3997-E de AFIP obliga a todos los locales comerciales (incluidas las inmobiliarias) a aceptar pagos electrónicos y la Resolución 4004-E de AFIP obliga a inmobiliarias y locadores a entregar facturas por el pago del alquiler. La primera aplica únicamente a inmobiliarias y la segunda a ambos.

Antes de iniciar un reclamo formal, es importante plantear el problema informalmente. Es decir, de manera personal, telefónica o por correo electrónico y solo avanzar en un reclamo formal en caso de respuesta negativa o silencio.

Para reclamar la entrega de una factura debemos saber que:

  • Si el alquiler lo pagamos en la inmobiliaria, son ellos quienes deben extendernos una factura. La misma debe establecer que el pago es a cuenta de terceros y debe incluir el nombre y el número de CUIT del locador.
  • El alquiler de vivienda está exento de IVA. Eso significa que no nos pueden cobrar 21% más para entregarnos una factura.

Si el reclamo informal no prospera, recomendamos que se acerquen a nuestro asesoramiento legal para que un especialista revise la documentación y les explique cómo avanzar. Dependiendo la particularidad de cada caso se abren una serie de variantes que van desde intimar por carta documento hasta realizar una audiencia de mediación.

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